Segundos IV

Volví a los avances hacía mi vecina.
Huí de otra compañera que tenía una buena cuerada, pero una cara espantosa (lo siento).
Caí rendido por otra que se hacía la tiernucha con voz de gatita.
Soporté las burlas de todos, incluídos los profesores, por el bengalazo del Cóndor Rojas.
Odiamos las charlas de política de una apasionada profesora de historia,
a esa compañera alegadora que se hizo partidaria del comunismo (aunque trabajara en McDonalds) y al flojo profesor de Geografia que faltó más de la cuenta durante el año.

Mucha risa, muchas tallas, muchas clases en blanco.

Fin de año nos trajo de vuelta la melancolía.
Y la obligación de recuperar las clases perdidas de Geografía.
Para eso, el profesor flojo nos asignó varias tardes en una sala de estudio de aquél colegio particular a media cuadra del nuestro.
Rarísimo, pero había que hacerlo.
Ahí vivimos nuestras últimas y calurosas tardes como compañeros de colegio, mirando videos del National Geographic.
Entre talla y talla, hablábamos del futuro, jugabamos cartas o haciamos cualquier cosa, menos estudiar.

A esas alturas, ya no importaba nada.

La última de esas tardes fue sumamente emotiva.
Recordamos anécdotas, disfrutamos la música del momento, el ambiente de finales de los 80, eso de sentirnos los top del colegio y otras mil cosas.
La adrenalina de esos días no se puede comparar con nada.

Entonces, pasó.

(continúa)

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