Segundos III

En segundo año nos volvieron a ubicar en una sala pequeña y acogedora.
Ella siguió ubicándose atrás, con sus amigos.
Y yo seguí ubicándome adelante, por la miopía.
Seguía linda y radiante, como siempre la había visto.
La miraba de reojo desde mi puesto y apenas nos decíamos hola y chao.

A poco andar, otra huelga nos dejó un mes y medio sin clases.
En el intertanto, supimos de varios compañeros que huían de la huelga, a un colegio particular a media cuadra del nuestro.

Al regresar, nos encontramos con varios puestos vacíos.
Incluído el de ella.

Mi vida se nubló. Se habia ido el sol de todos mis días.
Ver su banca vacía solo agudizó mi timidez sin nombre.
El resto de ese año fue un pasar.

Brasil es un país curioso.
A simple vista es muy alegre.
Pero en el fondo, hay una gran melancolía.

Y lo sabíamos.
Por eso, los pocos que quedamos en el curso decidimos dejarla a un lado.
Y vivir el tercer y último año a concho.

¡Y vaya que lo hicimos!

(continúa)

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