Segundos II

Era el Brasil de fines de los 80.
El mejor lugar y época de mi vida.
Y había cosas que solo podían pasar allá.

Luego de una semana de clases, tuvimos otra libre para celebrar carnaval.
Y luego, una huelga de profesores.

Para un adolescente enamoradizo, un mes sin ver a su amada es demasiada quietud.
Por lo que seguí con mis avances hacia mi vecina.
Más terrenal y cercana, pero siempre esquiva.
Tentación pura.

Al volver a clases, fue como si Dios me castigara.

Nos habían reubicado en una enorme sala para más de 40 alumnos.
Ella se había instalado en el fondo y me había reservado un puesto.

Pero yo no podía estar ahí.
Mis ojos míopes me obligaron a sentarme en la misma fila, pero adelante.
Noté un trazo de pena en sus ojos cuando fue a preguntarme por qué me sentaba tan lejos.
Le expliqué mi triste razón y no atiné a decir nada más.

No tuve alternativa. ¡Rayos! Había que estudiar también.
De todos modos compartimos recreos, tareas, ratos libres, por un tiempo.
‘Era como el viento’ cantaba Patrick Swayze en la radio por ese entonces.
Y ella me regalaba una estela de perfume y su sonrisa cada vez que pasaba por mi puesto.

Aún así, la distancia hizo lo suyo.
Nos alejamos y la amistad no volvió a ser la misma.
(continúa)

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