Segundos I

A veces bastan unas pocas notas de una antigua canción para que te pierdas del presente.
Y te embarques en un viaje lejos, atrás, donde se supone que jamás volvemos.

Prodigios de la memoria.
Les contaré.

Era un momento único.
Una prueba de admisión para entrar a ese colegio.

Ella apareció como si se hubiera anunciado en la puerta de esa sala.
Pequeña, rubia, hermosa, sublime y radiante.
Flechazo inmediato. Amor a primera vista.

Ella miró hacia dentro, se topó con mi curiosidad y mi sonrisa automática.
Entró muy tranquila y se ubicó detrás de mi.

Me aprendí su nombre desde un carnet sobre su mesa, al que miré de reojo.
Y su cara de una mirada que me dio junto a una sonrisa amistosa.
Fue lo que logré ese día. Mi timidez de púber me jugaba en contra.

Mi corazón latió feliz días después, al ver el listado con los resultados.
Ahí estaba mi nombre, aprobado. Y también el de ella junto al mío.

Nada podía ser mejor.
Nuevo colegio, nueva sala. Pequeña, acogedora. Nuevos profesores, compañeros.
Y, por supuesto, ella.

Se sentó frente a mi, de modo que ya no podía seguir siendo tímido.
Ella se giraba hacia atrás y hablábamos todo el tiempo entre clase y clase.
Grabado tengo el ruido que hacía su lápiz Pilot en el cuaderno.
Me encantaban sus ojos pardos, su voz tierna y al mismo tiempo tan segura.
Me distraía todo el tiempo mirádole el cuello y su pelo rubio amarrado como cola de caballo.

De verdad, nada podía ser mejor.

(continúa)

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